viernes, 19 de enero de 2018

Periodos planetarios en la astrología tadicional

Uno de los sistemas predictivos más usados en la astrología árabe es el de las fardarias o firdarias. La palabra “fardaria” parece provenir del griego “periodos”. Sin embargo se trata de una técnica genuinamente persa, que no aparece en los tratados astrológicos de la época helénica.
Bien es cierto que los métodos basados en fases o periodos planetarios forman prácticamente el núcleo del instrumental predictivo tanto en la astrología helénica – especialmente en Vettius Valens – como en la astrología védica. Ambas son de hecho perfectamente compatibles en una serie de elementos básicos, hasta el punto de que podemos hablar de tradiciones hermanas y de origen común. En ambas tradiciones encontramos la idea de que diferentes periodos de vida del nativo son regidos por diferentes planetas, de tal manera que en esos periodos se manifestarán o madurarán tendencias y eventos conforme a su posición en la carta. Sin embargo, aunque el concepto en sí es común, la astrología hindú ha desarrollado técnicas distintas de las que encontramos en la astrología helénica. La más importante es el sistema de dasas (periodos) vimshottari.
En la astrología helénica encontramos un sistema llamado de los decenios, que describiré en seguida. Vettius Valens (siglo 1 d.C.) además de transmitirnos una variante de este sistema, describe en su Antología un número de técnicas basadas en la secuencia de los planetas o de las casas a partir de un determinado factor del horóscopo. La gran mayoría de estos sistemas predictivos se basa en la doctrina de los años planetarios, que nos servirá también para comprender las fardarias.
Las fardarias son un sistema procedente de la astrología persa cuya antigüedad desconocemos, pero que bien podría ser bastante más remota de lo que a primera vista parece. Aunque mantiene una serie de rasgos típicos de los sistemas de la astrología helénica, no deja de ostentar ciertas características susceptibles de una influencia hindú, como es la inclusión de los nodos lunares.
Personalmente la aplicación de las fardarias en la astrología natalicia nunca me ha convencido lo suficiente como para incluirlo en el repertorio de técnicas que aplico en mi práctica diaria – que por lo demás se orienta plenamente en los sistemas clásicos de la astrología helénica, en combinación con los vimshottari dasa. Sin embargo, el campo original de aplicación de las fardarias parece haber sido la astrología mundial, y no la genetlíaca. En la segunda parte de este artículo aportaré algunas conclusiones que avalan esta tesis. Por lo que observo merece la pena investigar esta antigua aplicación de las fardarias en la astrología mundial.
Como veremos en seguida, las fardarias se basan en un sistema de años planetarios que a primera vista carece de una explicación astronómica y de un sentido lógico. Con ocasión de mi intercambio con Carmen Ordoñez, que está escribiendo una excelente tesis sobre el libro sexto de Ali ben Ragel – autor que precisamente dedica un extenso capítulo a las fardarias -  me he planteado la pregunta sobre la estructura lógica subyacente a este sistema. Y creo haber dado con una serie de claves muy sugerentes, que expondré en este artículo.
Pero antes de adentrarnos en este sistema persa de periodos planetarios, no estará de más repasar brevemente la teoría helenística de los años planetarios.

La doctrina helenística de los años de los planetas

La astrología clásica procedente del mundo helénico, y cuyas raíces se hunden en las culturas mesopotámica y egipcia, atribuye a cada planeta una serie de periódos básicos, llamados años menores, mayores y medios, tal y como viene indicado en el cuadro adjunto.
Firdarias fig 1
Los años menores equivalen a ciclos sinódicos de los planetas. Así, los años menores de Venus, Marte, Júpiter y Saturno, respectivamente, corresponden a periodos de recurrencia al cabo de los cuales se forma una conjunción con el Sol en el mismo lugar del zodiaco. En el caso de los 20 años de Mercurio tenemos también un ciclo de recurrencia, pero más ambiguo. De hecho, existen tres periodos sinódicos de Mercurio que son más exactos – sobre todo el ciclo de 46 años. Por último, los 25 años de la Luna solo corresponden a un ciclo de recurrencia utilizando el calendario egipcio de 365 días. Entonces cada 25 años la lunación coincide exáctamente con el mismo día del año (con respecto al año real el desfase es de 6°).
Los años mayores de los planetas no se derivan de ciclos sinódicos (quitando los 57 años de Saturno), sino que tienen una base numerológica que nos explica Vetius Valens. Pero hay que entender primero los años mayores del Sol y de la Luna.
Los 120 años del Sol equivalen a un tercio del zodiaco, y marcan – en grados, unidad que se puede equiparar a un día o a un año - el comienzo de su domicilio, Leo. El trígono es una figura básica en la estructura del zodiaco.
Los años de la Luna son 108, número muy singular por sus propiedades matemáticas, geométricas y astronómicas. Entre otras cosas parece ser una de las constantes en las relaciones de tamaño entre la Tierra, la Luna y el Sol (ver cuadro adjunto). Es además cuatro veces el periodo lunar sidéreo, tomando el valor en números redondos de 27 días. Esta cifra aparece también conectada con la Luna en la astrología védica: El número de navamsas (novenas partes de un signo) que contiene el zodiaco son 108. El navamsa es después del signo y de la mansión lunar la división más importante del zodiaco hindú, y precisamente hace un puente entre las 27 mansiones lunares o nakshatras y los 12 signos: Cuatro signos (120°) abarcan 9 nakshatras, un signo abarca 9 navamsas, y un nakshatra abarca exáctamente 4 navamsas. Aunque estas divisiones no son propias de la tradición helénica, vemos en la conexión del 108 con la Luna un factor común a ambas tradiciones. El grado 108 cae por cierto en el domicilio de la Luna. Veremos que estos años del Sol y de la Luna proporcionan también una clave a la hora de comprender las fardarias.
Firdarias fig 2
Los años mayores de los cinco planetas restantes suman en total 360. Los años de cada planeta los vemos repartidos por los diferentes términos planetarios, otra división de los signos – esta vez de origen helénico o egipcio, y de tipo irregular.
Los años mayores de los planetas lentos – Saturno y Júpiter -  se derivan de los años mayores de la Luna y del Sol. Los de los planetas rápidos se derivan de los años mayores de las luminarias en combinación con los años menores de los planetas lentos, del siguiente modo:
1. La mitad de los años de la Luna más sus años menores, o bien la mitad de los años del Sol más sus años menores, dan los años de Júpiter. Júpiter es amigo de las luminarias y rige con ellas signos del mismo trígono respectivamente (fuego y agua).
2. La cuarta parte de los años de la Luna más la cuarta parte de los años del Sol, dan los años mayores de Saturno. Al ser Saturno un planeta enemigo de las luminarias (domicilios en oposición), le dan una parte menor de sus años.
3. La mitad de los años mayores de la Luna más los años menores de Júpiter dan los años mayores de Marte. Marte, siendo un planeta nocturno como la Luna, rige Escorpio, signo del mismo trígono que los domicilios de la Luna y Júpiter.
4. Los años mayores de Saturno más los menores del Sol dan los años mayores de Mercurio. Mercurio y Saturno son regentes de sendos signos en los trígonos de aire y tierra.
5. Según Vettius Valens Venus recibe la mitad de los años mayores de la Luna y los años menores de Saturno. Pero el resultado serían 84, y no 82, de manera que me permito corregir al maestro (o tal vez a algún escriba): Análogamente a lo que ocurre con Mercurio, Venus recibe los años mayores de Saturno, más los años menores de la Luna. Venus – como Mercurio – tiene amistad con Saturno por sus domicilios en los trígonos de tierra y aire, y al ser planeta nocturno ha de recibir los años de la Luna, y no del Sol.
Los años medios de los planetas se calculan sumando los años menores y los mayores, y dividiendo el resultado por dos. En la tabla esta es la cifra que viene entre paréntesis. Si redondeamos los resultados al número entero superior y hacemos la suma, obtenemos 361, número que se vuelve a aproximar mucho a los 360 grados del círculo. Curiosamente Vettius Valens nos ofrece una distribución de los años medios ligeramente diferente (segunda cifra en la tabla), pero cuya suma vuelve a dar 361. Cabe preguntarse si en la distribución original no habría que enmendar una de las cifras, de modo que la suma diera 360.
Vemos por tanto que el sistema de los años planetarios, aunque tiene por base un fenómeno cíclico astronómico – el sínodo de los planetas con el Sol - por lo demás se construye mediante operaciones numerológicas. En definitiva no son los ciclos astronómicos en sí – que por lo demás, si los tomaramos al pie de la letra, nos darían siempre números fraccionados - los que estructuran el sistema, sino los números enteros más cercanos a ciertos ciclos básicos, como son el 360, el 12, el 27, el 19 (ciclo metónico) o los años menores de los planetas, así como sus derivados (compuestos, cocientes, etc).
Los años de los planetas hay que entenderlos como unidades de tiempo, de manera que pueden en definitiva designar no solo años, sino meses, días, horas etc.

El sistema de los decenios

Uno de los sistemas predictivos helénicos que más se parece a las fardarias es el de los decenios. Se basa en los años planetarios, al tomar para cada periodo 129 meses, es decir 10 años y nueve meses (de ahí el nombre “decennia” que se le dio al sistema en la época romana). Con la peculiaridad de que son meses de 30 días, de manera que cada periodo no abarca 10 años y 9 meses naturales, sino 10 años y 217 días (7 meses y 4 días). 129 es la suma de los años menores de los planetas, que en el sistema de los decenios se toman como meses.
El primer periodo es regido por la luminaria regente, es decir el Sol en caso de natividad diurna, o la Luna en una natividad nocturna. A continuación se suceden los periodos de los restantes planetas (abarcando cada periodo 129 meses) según su ubicación en la carta a partir de la luminaria regente. Pongamos por caso que alguien ha nacido de día y tiene en su carta al Sol en 5° de Tauro, a Venus a 10° de Géminis, a Saturno a 24° de Géminis, y los restantens planetas repartidos por los signos Cáncer a Aries. El primer periodo de 129 meses sería regido por el Sol, el segundo por Venus, el tercero por Saturno etc.
Cada periodo planetario de 129 meses es subdividido a su vez en subperiodos, de tal manera que cada planeta rige, dentro del periodo general, un lapso de tiempo equivalente a sus años menores, pero contado en meses (de 30 días). El primer subperiodo es el del planeta que rige el periodo general, y los siguientes vuelven a seguir la secuencia de los planetas en el zodiaco, a partir de este regente general. En nuestro ejemplo, dentro del periodo del Sol este mismo regiría los primeros 19 meses, después vendrían 8 meses de Venus, luego 30 meses de Saturno, etc.
Una vez aclarado este concepto de los años planetarios y su aplicación en el sistema de los decenios, vayamos por fin a conocer las fardarias.

Las fardarias

El sistema de las fardarias utiliza periodos netamente diferentes de los años planetarios de la astrología helénica. Cada planeta rige el siguiente número de años:
Luna            9 años
Saturno    11 años
Júpiter    12 años
Marte          7 años
Sol        10 años
Venus      8 años
Mercurio    13 años
Cabeza      3 años
Cola          2 años
Si el nacimiento es nocturno la primera fardaria en la vida del nativo será la de la Luna, seguida de los demás planetas según la secuencia indicada. Como observará el lector, esta secuencia sigue la ordenación de las esferas planetarias en el sistema geocéntrico, yendo desde Saturno – el planeta más “alto” y más lento – hasta la Luna, el planeta más rápido. Al cabo de 70 años habrá finalizado la fardaria de Mercurio, y los próximos 5 años son atribuidos al Nodo Norte (3 años) y al Nodo Sur (2 años).
En nacimientos diurnos la secuencia comenzará por el Sol, seguida de Venus, Mercurio, la Luna, Saturno, Júpiter y Marte, en este orden. Al finalizar la secuencia de los planetas vuelven a regir los nodos el periodo entre 70 y 75 años.
Cada periodo es dividido a su vez en subperiodos regidos por los siete planetas (los nodos no forman subperiodos). Estos subperiodos se calculan dividiendo el periodo principal por 7. El primer subperiodo es regido por el planeta de la fardaria vigente, y luego se vuelve a seguir la secuencia según la ordenación de las esferas. La siguiente tabla proporciona un resumen del sistema:
Firdarias fig 3
Más tarde veremos como se aplican las fardarias en la astrología mundial. Por lo que concierne a las natividades, resulta ser un sistema relativamente poco individual, ya que la secuencia de los planetas es la misma para todo el mundo, variando solo según la natividad sea diurna o nocturna. Por supuesto que en la interpretación habría que tener en cuenta la situación peculiar de cada planeta, distinta en cada carta. Tienen en común con la técnica de los decenios el comenzar la secuencia por la luminaria del tiempo, pero por lo demás es más rígida. Las fardarias abarcan 75 años de vida, número muy similar a la totalidad de los decenios si sumamos los 7 planetas (74,17 años, o bien 75,25 años si tomamos meses solares completos). Eso sí, la duración de cada periodo es bien diferente en cada sistema.

Buscando la clave

Pero la cuestión que nos concierne aquí es más bien la lógica subyacente a esta distribución de los años. Porque a primera vista da la sensación de ser bastante aleatoria. Sin embargo una mirada más atenta nos revelará que las fardarias se basan en números derivados de los años menores de los planetas. En lo que sigue voy a tratar principalmente las fardarias de los 7 planetas, ya que obviamente los nodos tienen un papel aparte en el sistema.
Para empezar, hay dos números - los años de Venus y de Júpiter - que son claramente los años menores de la astrología helénica. Los demás años a primera vista no parecen tener relación con los ciclos planetarios que hemos conocido. Sin embargo, resulta que uno de los ciclos sinódicos  de recurrencia de Mercurio es el de 13 años, siendo más exacto que los 20 años mencionados antes. Cada 13 años se cumplen 41 ciclos sinódicos de Mercurio, coincidiendo en el mismo lugar del zodiaco que la conjunción inicial. De manera que las fardarias de Mercurio, Venus y Júpiter, por lo pronto, corresponden a ciclos astronómicos de recurrencia.
Las fardarias del Sol y de la Luna se derivan de sus años mayores. Si dividimos los 120 años del Sol y los 108 de la Luna por 12 – número fundamental en el sistema astrológico - obtenemos 10 y 9 años, respectivamente. La división en doce puede considerarse una idealización de los meses sinódicos (ciclo de la Luna con respecto al Sol) que incluye un año.
El número 10 simboliza una totalidad, la unificación de las partes en un todo. Esto viene expresado precisamente en el sistema decimal, donde el diez y sus exponentes forman unidades de orden superior. Este significado se corresponde perfectamente con el símbolo del Sol, centro rector e integrador del sistema. Así, tanto en la tetraktis pitagórica como en el árbol de la vida de la cábala hebrea el 10 expresa la totalidad de la creación manifiesta. Puede considerarse por tanto como número solar por excelencia.
El número 9 por otro lado tiene mucho que ver con la Luna. Ya hemos visto que el ciclo sidéreo de la Luna abarca algo más de 27 días, siendo esta cifra la que crea la división de la eclíptica en 27 mansiones o nakshatras. El 9 es un tercio de 27: en un tercio del zodiaco – cuatro signos, uno de cada elemento – entran nueve nakshatras.  Tenemos también que en el ser humano el embarazo dura 9 meses (solares), siendo un fenómeno claramente atribuido a la Luna. En el sistema decimal el 9 puede considerarse el número que contínuamente se reproduce a sí mismo, ya que la suma de los dígitos de sus múltiplos siempre dará 9. Esta idea de reproducción, entendida como diversificación, también viene expresada por el hecho de ser nueve los dígitos que componen el sistema decimal – si el 10 es la totalidad, el 9 expresa sus diversas partes. En la astrología hindú – y en cierto modo también en el sistema de las fardarias – se distinguen 9 planetas como integrantes del sistema astrológico, incluyendo los nodos. De modo que el número 108 (9 x 12) representa también la totalidad de las combinaciones planeta-signo.
El número 9 es el cuadrado de 3, número base que - en contraposición al 2 o al 4, que evocan la idea de rigidez, tensión o estructura – simboliza la dinámica de toda evolución y cambio, el constante devenir expresado por las tres fases de móvil, fijo y mutable – creación, conservación y disolución – Brahma, Vishnu y Shiva, la tríada universal. El número nueve (y en cierto modo el 27) por tanto representa la esencia de todo devenir, de todo movimiento, de toda diversificación y evolución. Como la Luna misma.
De las cinco fardarias que hemos explicado por el momento, tres forman números consecutivos: 8 de Venus, 9 de la Luna y 10 del Sol. Por otro lado tenemos los 12 años de Júpiter y los 13 de Mercurio. Quedan pues dos fardarias cuyas cifras eluden toda explicación en base a los años planetarios helénicos o a cualquier ciclo de recurrencia conocido. Se trata de la fardaria de Marte (7 años) y la de Saturno (11 años). La cifra atribuida a Marte aparece también en el Vimshottari Dasa, pero esto puede ser mera casualidad. Sin embargo en seguida vemos que estos números para Marte y Saturno rellenan los huecos que quedan para generar una secuencia numérica del 7 al 13:
Ma 7    -    Ve 8    -    Lu 9    -    Sol 10    -    Sa 11    -    Ju 12    -    Me 13
Observemos esta secuencia detenidamente. La primera cuestión que se plantea es porqué va del 7 al 13 y no del 8 al 14. Solo caben estas dos secuencias, ya que tomando otras secuencias se saldría Venus (8) o Mercurio (13) del esquema.
La elección del 7 como primera fardaria podría responder al hecho de ser uno de los números básicos de la cosmología clásica, representando a los planetas visibles. Pero otra razón de más peso radica en que el Sol en esta secuencia asume la posición central, de acuerdo con su naturaleza.
Esta secuencia encierra otra propiedad matemática relacionada con los números clave 7 y 10. La suma de todas las fardarias (quitando los nodos, que tienen en cualquier caso un papel aparte) da 70 años, es decir 10 veces 7.
Una figura muy usual en la simbología antigua es la disposición de los planetas en un heptagrama. El ejemplo más conocido es el heptagrama con los planetas siguiendo la secuencia de las esferas. Al trazar las líneas de un planeta a otro para formar la estrella de siete puntas, hallamos la secuencia de los días de la semana.
Firdarias fig 4
Dispongamos ahora la secuencia de planetas según la ordenación numérica de las fardarias en un círculo, de manera que formen las puntas de un heptagrama.
Firdarias fig 5
En cualquier septenario de números consecutivos como el que forman las fardarias, tomando el número central como eje obtenemos para las parejas de números equidistantes la misma suma. En este caso, tomando el número solar 10 como eje, la suma de las parejas da 20. Esto podría ser una clave, ya que el 20 es el ciclo de Júpiter-Saturno, tan caro a los persas precisamente, y tan importante en astrología mundial. Además son los años menores de Mercurio, que juega un papel importante aquí, como veremos en seguida. Sin embargo esta simetría con la posición del Sol aún no explica porqué están Saturno y Marte en la posición en que están.
En un septenario de estas características siempre hay dos posiciones más a partir de las cuales se obtienen sumas iguales para las parejas a ambos lados del eje: el emparejamiento a partir de la posición de Marte, con 7 años, nos da siempre la suma 21, y el emparejamiento a partir de la última cifra, la posición de Mercurio con 13 años, nos da la suma 19. Esta última es la simetría que nos proporciona la clave principal:
Para empezar, ya hemos visto que el 19 es un número astronómico importante, ya que forma el ciclo metónico, a la vez que se considera el periodo de años menores del Sol (el planeta central). Además es la suma de los números adjudicados a la Luna y al Sol: 9 + 10 = 19, lo cual es muy propio, porque el ciclo metónico es un ciclo de recurrencia lunisolar. El Sol y la Luna forma la pareja de planetas que se encuentran enfrente de la posición de Mercurio y del número 13.

Distribución según las sectas diurna y nocturna

A partir de aquí se perfila una estructura perfectamente acorde con los canones de la astrología helénica. La Luna y el Sol encabezan dos hemiciclos, uno de planetas nocturnos y otro de planetas diurnos: a un lado de la posición de Mercurio tenemos a Marte, a Venus y a la Luna, los planetas nocturnos. Al otro tenemos a Júpiter, a Saturno y al Sol, los planetas diurnos. Todos ellos dispuestos de tal manera que Venus, la Luna, el Sol y Júpiter coinciden con los números correspondientes a sus años menores.
Cada pareja formada por un planeta diurno y nocturno  - es decir, Marte/Júpiter y Venus/Saturno, respectivamente - suma pues los 19 años del ciclo metónico, ciclo de recurrencia de los “regentes de secta”, el Sol y la Luna.
Evidentemente, en este esquema es Mercurio el que tiene que formar el eje, ya que es el planeta dual por antonomasia, tanto nocturno como diurno, femenino y masculino, benéfico o maléfico etc. La atribución del número 13 a Mercurio no deja de ser sugerente en este contexto, ya que transciende el orden del 12, del mismo modo que Mercurio es el único planeta que elude toda categoría dualista. Esta relación con el 13 nos hace recordar la simbología hermética y alquímica, donde el agua mercurial designa asimismo un principio hermafrodita, el solve y coagula, muerte y resurrección, principio y final de la gran obra. Qué mejor número que el 13 – ciclo sinódico de Mercurio - para reflejar esta idea.

Las fardarias y los domicilios planetarios

En este septenario aparece reflejado también el esquema de los domicilios planetarios. Las luminarias son las únicas que se reparten una pareja de domicilios, de manera que pueden considerarse una unidad (con dos caras). Cada uno de los demás planetas rige dos domicilios en el esquema clásico.
Firdarias fig 6
Si el septenario que hemos dibujado, en el cual el Sol y la Luna encabezan los planetas diurnos y nocturnos respectivamente, lo "convertimos" en una estrella de David unificando estas dos posiciones (ver figura), los triángulos que forman esta estrella nos dan los planetas que rigen conjuntamente dos trígonos: Sol/Luna, Júpiter y Marte rigen los trígonos de agua y fuego, mientras Mercurio, Venus y Saturno rigen los trígonos de aire y tierra. Ya hemos visto que este tipo de afinidad entre los planetas era la clave de los años mayores.
En astrología hindú a los planetas que forman cada triángulo se les considera amigos mutuos, y con respecto al triángulo contrario son enemigos. Es decir, Luna, Sol, Marte, Júpiter son amigos, y son enemigos de Mercurio, Venus y Saturno (la teoría de las amistades y enemistades contiene más reglas, pero esta es una de las básicas).
Con lo cual, tomando el eje de Mercurio en el heptagrama de las fardarias, las parejas las forman planetas amigos. Tomando el eje del Sol por cierto las forman acérrimos enemigos según la astrología hindú. Sin embargo, no creo que este matiz tenga tanta importancia.

Las fardarias y las exaltaciones

Pero hay otra estructura ciertamente sorprendente en este septenario, y es que refleja también las exaltaciones de los planetas. Esto si que lo considero un punto importante, tal vez clave, ya que como describiré en una segunda parte de este trabajo, las fardarias en astrología mundial siguen la secuencia de las exaltaciones.
Recordemos cómo se derivan de la secuencia caldea los días de la semana (fig. 1). Esta atribución de los días de la semana a los planetas parece provenir de Mesopotamia y es bastante antigua. Lo comento porque al fin y al cabo las fardarias son una técnica persa, y pienso que podría tener su origen en la astrología mesopotámica.
Pues bien, si trazamos en nuestro esquema una estrella de siete puntas, empezando por el Sol y yendo a Marte etc., obtenemos la siguiente relación:
el Sol se exalta en signo de Marte
Marte en signo de Saturno
Saturno en signo de Venus
Venus en signo de Júpiter
Júpiter en signo de Luna
  Firdarias fig 7
Hemos trazado la estrella desde el Sol a la Luna, y solo queda Mercurio, como siempre haciendo de las suyas. Porque evidentemente la Luna no se exalta en casa de Mercurio, ni Mercurio en casa del Sol. Pero aún así, y teniendo en cuenta la posición especial de Mercurio (el único planeta que se exalta en su propio signo) en el esquema astrológico en conjunto, esta secuencia de las exaltaciones me parece harto sugerente. El único punto que rompe un tanto la estética es el hecho de que la Luna no se vincule a su exaltación.
Si sumamos los años planetarios de cada pareja de planetas asociados por exaltación, empezando de nuevo por la pareja Sol-Marte, e incluyendo al final las parejas Luna-Mercurio y Mercurio-Sol, nos da la secuencia numérica 17, 18, 19, 20, 21, 22 y 23. Es decir repite la secuencia original, pero en la década contigua. El número central es el 20, y la suma de los números equidistantes es 40.

La ordenación por maléficos y benéficos

A partir de esta secuencia vuelve a surgir una estructura muy significativa. Si volvemos a trazar el círculo con los siete planetas, pero siguiendo ahora la secuencia de las exaltaciones que acabamos de ver, vuelve a surgir una estructura numérica similar a la original. Me explico: Disponemos en el círculo la secuencia Sol - Marte - Saturno - Venus - Júpiter - Luna - Mercurio, y asociamos a los planetas los años de sus fardarias, es decir 10 - 7 - 11 - 8 - 12 - 9 - 13. Volvemos a tomar a Mercurio como eje, y sumamos las parejas equidistantes. El resultado es el siguiente:
Sol / Luna         - amigos -         10+9=19
Marte / Júpiter     - amigos -         7+12=19
Saturno / Venus     - amigos -         11+8=19
Firdarias fig 8
En esta nueva disposición que hemos derivado de las exaltaciones, el eje de Mercurio separa los planetas secos y maléficos de los húmedos y benéficos: a un lado tenemos Sol - Marte - Saturno, a otro Luna - Júpiter – Venus. En la astrología hindú, más claramente que en la occidental, la Luna es benéfica y el Sol maléfico. Mercurio vuelve a ser el planeta neutral. Tanto en la astrología helénica como en la astrología hindú se le considera a Mercurio benéfico, salvo si está asociado con maléficos, lo cual viene a corroborar su naturaleza dual también en este aspecto.
Con lo cual queda más clara aún la importancia del número 19 y del ciclo metónico en la estructura subyacente a las fardarias, así como la idea de polaridades, de la cuales Mercurio forma siempre el factor neutral y sintetizador.
Creo que esta intrincada estructura, relacionada con los domicilios planetarios así como con las exaltaciones, no es fortuita. Con mucha probabilidad sea la clave sobre la cual los antiguos han construido el sistema de las fardarias. Tal vez futuras investigaciones corroboren esta tesis en base a documentos históricos.

Las fardarias en astrología mundial

He dejado de lado los nodos, porque todo el esquema de las fardarias se basa en los planetas, y da la impresión de que los nodos son una especie de inciso o de relleno en el ciclo. De hecho no se subdividen en fases menores. Un punto importante es que el ciclo nodal se acerca a 19 años. Pero habría que preguntarse porqué esta inclusión de los nodos ha de sumar en total 5 años, de manera que el ciclo completo sean 75.
Como ya he apuntado anteriormente, los persas conocían una aplicación de las fardarias a la astrología mundial. Pero resulta que aquí la secuencia de los periodos es diferente a la astrología genetlíaca. Los periodos planetarios se ordenan según la secuencia de las exaltaciones en el zodiaco, y aquí entran en juego también los nodos, ya que según una doctrina antigua, la Cabeza del Dragón se exalta a 3° de Géminis, y la Cola a 3° de Sagitario.
En el zodiaco sidéreo estos grados están muy cerca de la intersección entre la eclíptica y el ecuador galáctico (Via Láctea). No puedo entrar aquí en este tema, pero hay muchas razones tanto astronómicas como simbólicas para pensar que esta ubicación de las exaltaciones de los nodos tiene que ver directamente con esta intersección entre los dos círculos que forman el sistema solar y su nivel sistémico superior, la galaxia.
En un futuro artículo investigaré más de cerca la aplicación de las fardarias en la astrología mundial, y su interesante relación con el ciclo precesional y el Gran Año platónico.

martes, 9 de enero de 2018

La Astrología es un Arte

La Astrología es un arte, más que una ciencia o un sistema de creencias religiosas. Pero entonces, qué es el arte? El artista media entre las diferentes dimensiones de la vida. Las imágenes, sonidos, palabras y formas que el artista utiliza son lenguajes que pueden comunicar el significado de patrones de niveles de realidad, que de otra forma serían incomprensibles o incomunicables a la mente racional. Cuando somos afectados por el arte, es porque el trabajo nos habla en muchos niveles: intelectual, intuitivo, emocional, viceral. Los símbolos de astrología tocan las cuerdas en nosotros en diferentes niveles que nunca es posible agotar su misterio. Esa es la naturaleza de los símbolos y la astrología es un lenguaje simbólico.
Entonces el astrólogo puede, al ver el horóscopo de una persona, ver a Marte como un símbolo de una agresión y rabia no expresada e inconsciente; en el horóscopo de otra persona, como símbolo de poder motivador, coraje e iniciativa; en el horóscopo de otra persona, como expresión de jaquecas, erupciones u otras señales somatizadas de tensión interna, ira y estrés, los cuales no han sido tratados, e incluso en el horóscopo de otra persona, como símbolo de un tipo de persona o evento en particular que el individuo posiblemente conoce en el mundo exterior. Todas estas son interpretiones “verdaderas“ y la habilidad de disernir como este símbolo es más probable que sea expresado en cualquier individuo en un momento en particular, se basa en las facultades que no están involucradas en una prueba empírica.
El arte de la astrología además requiere de claridad intelectual; pero igualmente requiere empatía, intuición, imaginación, perspectiva y experiencia. Aún así, una interpretación puede no dar en el blanco, porque el arte nunca garantiza precisión. A lo más, puede garantizar significado y visión.
Muchas personas toman la astrología con la esperanza que simples respuestas serán ofrecidas a preguntas complejas, acerca de la mayoría de los temas de vida. Pero si la persona busca más en profundidad, se vuelve aparente que dichas simples respuestas, no es de lo que se trata la astrología. Por último, aquellos que estudian astrología toda una vida, lo hacen no porque ofrece una reafirmación de la ciencia, sino porque la aman. Y gran parte de ese amor es invocado porque la astrología nunca deja de ofrecer otro set de misterios para explorar y otro set de preguntas sin respuestas para ampliar nuestras mentes y transformar nuestras visiones de la realidad. Quizás esa es una buena definición de arte. 
Liz Greene

miércoles, 7 de junio de 2017

Carácter Saturnino

Según Hipócrates, el famoso médico del S. V a.c. el cuerpo humano contiene cuatro humores o sustancias fluidas, básicas: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. Del equilibrio existente en el cuerpo entre estos cuatro elementos depende la salud. Igualmente, del mayor o menor predominio de una de estas sustancias se derivan los distintos tipos de temperamento que pueden darse entre las personas. Y así, el predominio de la sangre da lugar a tipos sanguíneos, es decir apasionados; el predominio de la flema genera personas flemáticas; de la bilis amarilla, temperamentos coléricos, y si lo que abunda en demasía es la bilis negra la persona adquiere un carácter melancólico.
Sería algo más tarde Aristóteles el que estableció una relación directa entre el temperamento melancólico y una especial predisposición al desarrollo de la sensibilidad y el talento artístico. Pero ya que la bilis negra es un humor peligroso en demasía, igual que daba lugar a estados de extraordinaria creatividad, también provocaba situaciones de fuerte depresión y ansiedad, porque al fin y al cabo, la melancolía es un estado de embriaguez en la propia tristeza. En conclusión y según los pensadores clásicos, los artistas, habrían nacido bajo el signo de Saturno, el planeta de los melancólicos y solitarios, de los soñadores y artistas. Y como tales fueron considerados desde entonces como personas excéntricas, extrañas y singulares porque lo mismo se elevaban a las alturas de la genialidad como rayaban en la locura.
Desde entonces el tratamiento del temperamento artístico ha seguido otros estudios y planteamientos, y así lo que antes se llamaba temperamento melancólico ahora se llama neurótico, pero tanto desde la psicología histórica, como desde el análisis psicoanalítico moderno, al artista en general se le ha seguido considerando un elemento de estudio porque ha seguido manifestando ese mismo temperamento saturnino, mitad genio, mitad loco, que dista tanto del de una persona normal.

martes, 13 de diciembre de 2016

El inicio del invierno

1. El inicio del invierno

El invierno de 2016-2017 comenzará el 21 de diciembre a las 11h 44m hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional - Ministerio de Fomento). Esta estación durará 88 días y 23 horas, y terminará el 20 de marzo de 2017 con el comienzo de la primavera. Durante esta estación, el cielo matutino estará dominado por Júpiter y Saturno, y el vespertino por Venus , Marte y Urano. También se producirán dos eclipses, un eclipse penumbral de Luna la noche del 10 al 11 de febrero que será visible en España, cuya observación será algo difícil pues apenas se oscurecerá el disco lunar, y un eclipse anular de Sol el 26 de febrero que será visible en Sudamérica, África y la Antártida. El inicio de las estaciones viene dado, por convenio, por aquellos instantes en que la Tierra se encuentra en unas determinadas posiciones en su órbita alrededor del Sol. En el caso del invierno, esta posición se da en el punto de la eclíptica en el que el Sol alcanza su posición más austral. El día en que esto sucede, el Sol alcanza su máxima declinación Sur (-23º 27') y durante varios días su altura máxima al mediodía no cambia, y por eso, a esta circunstancia se la llama también solsticio (“Sol quieto”) de invierno. En este instante en el hemisferio sur se inicia el verano. El día del solsticio de invierno corresponde al de menor duración del año. Alrededor de esta fecha se encuentran el día en que el Sol sale más tarde y aquél en que se pone más pronto. Un hecho circunstancial no relacionado con el inicio de las estaciones se da también en esta época: el día del perihelio, es decir, el día en que el Sol y la Tierra están más cercanos entre sí a lo largo del año. Es esta mayor proximidad al Sol la causa de que la Tierra se mueva más rápidamente a lo largo de su órbita elíptica durante el invierno (según la conocida como segunda ley de Kepler) y por lo tanto la duración de esta estación sea la menor. Fechas posibles de inicio del invierno. El inicio del invierno puede darse, a lo sumo, en cuatro fechas distintas del calendario (del 20 al 23 de diciembre). A lo largo del siglo XXI el invierno se iniciará en los días 20 a 22 de diciembre (fecha oficial española), siendo su inicio más tempranero el del año 2096 y el inicio más tardío el de 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que encaja la secuencia de años según el calendario (unos bisiestos, otros no) con la duración de cada órbita de la Tierra alrededor del Sol (duración conocida como año trópico). Duración del día. Si llamamos coloquialmente duración del día al tiempo que transcurre entre la salida y la puesta del Sol en un lugar dado, el próximo día 21 de diciembre va a ser el día de menor duración. Como ejemplo, en Madrid esta duración será de 9 horas y 17 minutos, a comparar con las 15 horas y 3 minutos que duró el día más largo (que el año 2016 fue el 21 de junio). Obsérvese que hay casi seis horas de diferencia entre el día más corto y el más largo. Esta diferencia depende mucho de la latitud del lugar, siendo nula en el ecuador y siendo extrema (24 horas) entre los círculos polares y los polos. Precisamente es en la Antártida donde algunos días al año alrededor del 21 de diciembre se da el fenómeno del Sol de medianoche, en que el Sol es visible por encima del horizonte durante las 24 horas del día. Salida y puesta del Sol. Se podría pensar que el día más corto del año será también el día en que el Sol salga más tarde y se ponga más pronto; pero no es así: esto es debido a que la órbita de la Tierra alrededor del Sol no es circular sino elíptica y a que el eje de la Tierra está inclinado en una dirección que nada tiene que ver con el eje de dicha elipse. Ello también hace que un reloj solar y nuestros relojes, basados en un Sol ficticio, estén desajustados. El día en que el Sol se pone más pronto será el 7 de diciembre de 2017, mientras que el día en que el Sol saldrá más tarde será el 4 de enero de 2017. Distancia al Sol. Por estas fechas se da también el máximo acercamiento anual (perihelio) entre la Tierra y el Sol. En esta ocasión, el máximo acercamiento se dará el próximo día 4 de enero de 2017, siendo la distancia de algo más de 147 millones de km, unos 5 millones de km menos que en el momento de afelio o de mayor distancia (3 de julio de 2017). Actividad solar. La actividad del Sol se caracteriza por la presencia en su superficie de manchas, fulguraciones y protuberancias, y en la Tierra, se aprecia en alteraciones en la propagación de las ondas de radio y en una mayor presencia de auroras polares. Esta actividad sigue un periodo de aproximadamente 11 años, y está asociada al ciclo magnético del Sol. Actualmente nos encontramos en el ciclo solar número 24 que comenzó en diciembre de 2008 y alcanzó su máximo durante la primavera del año 2014. Según las estimaciones realizadas por NOAA y Space Weather Prediction Center, durante el invierno el número de manchas solares seguirá decreciendo alcanzando valores entre 20 y 42. Gráficas con el número de manchas solares en los últimos años y predicciones de la evolución del ciclo 24 pueden encontrarse en: http://www.swpc.noaa.gov/products/solar-cycle-progression


2. Eclipses y fenómenos relacionados

El día 10/11 de febrero habrá un eclipse penumbral de Luna que será visible en América, Europa, África y Asia. Alcanzará su máximo el día 11 de febrero a la 1h 44m, hora oficial penínsular, y será visible en España. Se trata de un caso poco frecuente de eclipse penumbral, que se denomina penumbral total, pues en su máximo todo el disco lunar quedará sumergido dentro de la penumbra. La parte del disco lunar más próxima a la sombra se verá más oscurecida que el resto. El día 26 de febrero tendrá lugar un eclipse anular de Sol que será visible como tal en el sur de Chile y de Argentina, en Angola, el noroeste de Zambia y el sur de la República Democrática del Congo. Será visible como parcial en Sudamerica, África y la Antártida. Este eclipse no será visible en España.



3. Observación nocturna del cielo en invierno 


En toda época del año hay algún fenómeno astronómico de interés, predicho (como son los eclipses) o no (como los cometas nuevos). Suele ser preferible realizar las 4 observaciones en fechas cercanas a la luna nueva (29 de diciembre, 28 de enero y 26 de febrero), salvo cuando se pretende observar la propia Luna. Luna llena. La primera luna llena del invierno se dará el 12 de enero de 2017, dándose las siguientes 29 o 30 días después. En este invierno se darán otras dos lunas llenas: 11 de febrero y 12 de marzo de 2017. Visibilidad de los planetas. Júpiter y Saturno serán visibles al amanecer, Venus, Marte y Urano al atardecer. Lluvias de meteoros. Si no se dispone de ningún telescopio, se pueden observar las lluvias de meteoros que se producen ocasionalmente. La primera lluvia de meteoros importante del invierno es la de las Cuadrántidas, cuyo máximo se da hacia el 3 de enero. Constelaciones. En cuanto a las agrupaciones ficticias de estrellas conocidas como constelaciones, alrededor de la estrella Polar se verán a lo largo de la noche Casiopea, la Osa Menor y Cefeo. Las constelaciones zodiacales (eclípticas) visibles en este periodo van de Acuario a Sagitario. Por encima de la eclíptica destacarán Pegaso y la Osa Mayor; por debajo, Orión. A lo largo de las noches de invierno se pueden ver las doce estrellas más brillantes del cielo que son visibles desde nuestra latitud: Sirio, Arturo, Vega, Capela, Rígel, Proción, Betelgeuse, Altair, Aldebarán, Antares, Espiga y Pólux. Observaciones con prismáticos o pequeños telescopios. Con grandes prismáticos o un pequeño telescopio, dotados de un filtro lunar adecuado, se puede observar el relieve de la Luna. Para tener una buena visión de él conviene ir observándolo noche tras noche mientras va creciendo la iluminación de la Luna, pues así se ven aparecer nuevos accidentes orográficos. Cuando la noche es más oscura por haber luna nueva, se puede intentar ver nebulosas de emisión como el complejo de nebulosas de Orión (Messier 42 y 43), el grupo de las estrellas Pléyades y el resto de supernova conocido como la nebulosa del Cangrejo (Messier 1). Con prismáticos también se pueden ver las lunas más brillantes de Júpiter y se puede hacer un recorrido por la franja estrellada que constituye la Vía Láctea.

domingo, 12 de junio de 2016

Verano de 2016

Verano 2016

El verano de 2016 comenzará el 21 de junio a las 0h 34m hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional - Ministerio de Fomento). Esta estación durará 93 días y 15 horas, y terminará el 22 de septiembre con el comienzo del otoño.
En cuanto a los planetas, el cielo matutino estará dominado por Urano, mientras que en el vespertino serán visibles Marte, Júpiter, Saturno y, desde mediados de julio, Venus. Durante el verano se producirán dos eclipses, el día 1 de setiembre habrá un eclipse anular de Sol que será visible en el Atlántico, África y el océano Índico y el 16 de setiembre un eclipse penumbral de Luna visible en el Pacífico, Australia, África y Europa. Este último eclipse, de difícil observación por ser penumbral, será visible en España.
La tradicional lluvia de estrellas de las Perseidas sucederá hacia el 12 de agosto y su observación se verá dificultada en la primera parte de la noche por hallarse la Luna en fase posterior al cuarto creciente.
Para mayor información sobre los fenómenos astronómicos del año se puede consultar el Anuario astronómico, libro que anualmente publica el Instituto Geográfico Nacional.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Inicio Invierno 2015

Inicio astronómico del invierno de 2014-2015

El invierno de 2014-2015 comenzará el lunes 22 de diciembre a las 0h 3m hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional - Ministerio de Fomento). Esta estación durará 88 días y 23 horas, y terminará el 20 de marzo de 2015 con el comienzo de la primavera. El día 20 de marzo habrá un eclipse total de Sol que será visible como parcial desde España.
Durante el invierno de 2014-2015, los planetas Venus y Marte seran fácilmente visibles mirando hacia el oeste tras la puesta de Sol, y Saturno se vera hacia el sur-este antes del amanecer. Júpiter se verá entrada la noche, y el 6 de febrero estará en oposición, momento en el que alcanzará su máximo brillo anual y saldrá por el este en el momento en que el Sol se ponga por el oeste.

El inicio del invierno

El inicio de las estaciones viene dado, por convenio, por aquellos instantes en que la Tierra se encuentra en unas determinadas posiciones en su órbita alrededor del Sol. En el caso del invierno, esta posición se da en el punto de la eclíptica en el que el Sol alcanza su posición más austral. El día en que esto sucede, el Sol alcanza su máxima declinación Sur (-23º 27') y durante varios días su altura máxima al mediodía no cambia, y por eso, a esta circunstancia se la llama también solsticio (“Sol quieto”) de invierno. En este instante en el hemisferio sur se inicia el verano.
El día del solsticio de invierno corresponde al de menor duración del año. Alrededor de esta fecha se encuentran el día en que el Sol sale más tarde y aquél en que se pone más pronto. Un hecho circunstancial no relacionado con el inicio de las estaciones se da también en esta época: el día del perihelio, es decir, el día en que el Sol y la Tierra están más cercanos entre sí a lo largo del año. Es esta mayor proximidad al Sol la causa de que la Tierra se mueva más rápidamente a lo largo de su órbita elíptica durante el invierno (según la conocida como segunda ley de Kepler) y por lo tanto la duración de esta estación sea la menor.

Fechas posibles de inicio del invierno

El inicio del invierno puede darse, a lo sumo, en cuatro fechas distintas del calendario (del 20 al 23 de diciembre). A lo largo del siglo XXI el invierno se iniciará en los días 20 a 22 de diciembre (fecha oficial española), siendo su inicio más tempranero el del año 2096 y el inicio más tardío el de 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que encaja la secuencia de años según el calendario (unos bisiestos, otros no) con la duración de cada órbita de la Tierra alrededor del Sol (duración conocida como año trópico).

Duración del día

Si llamamos coloquialmente duración del día al tiempo que transcurre entre la salida y la puesta del Sol en un lugar dado, el próximo día 22 de diciembre va a ser el día de menor duración. Como ejemplo, en Madrid esta duración será de 9 horas y 17 minutos, a comparar con las 15 horas y 3 minutos que duró el día más largo (que el año 2014 fue el 21 de junio). Obsérvese que hay casi seis horas de diferencia entre el día más corto y el más largo. Esta diferencia depende mucho de la latitud del lugar, siendo nula en el ecuador y siendo extrema (24 horas) entre los círculos polares y los polos. Precisamente es en la Antártida donde algunos días al año alrededor del 21 de diciembre se da el fenómeno del Sol de medianoche, en que el Sol es visible por encima del horizonte durante las 24 horas del día.

Salida y puesta del sol

Se podría pensar que el día más corto del año será también el día en que el Sol salga más tarde y se ponga más pronto; pero no es así: esto es debido a que la órbita de la Tierra alrededor del Sol no es circular sino elíptica y a que el eje de la Tierra está inclinado en una dirección que nada tiene que ver con el eje de dicha elipse. Ello también hace que un reloj solar y nuestros relojes, basados en un Sol ficticio, estén desajustados. El día en que el Sol se pone más pronto es el 8 de diciembre, mientras que el día en que el Sol saldrá más tarde será el 4 de enero de 2015.

Distancia al Sol

Por estas fechas se da también el máximo acercamiento anual (perihelio) entre la Tierra y el Sol. En esta ocasión, el máximo acercamiento se dará el próximo día 4 de enero de 2015, siendo la distancia de algo más de 147 millones de km, unos 5 millones de km menos que en el momento de afelio o de mayor distancia (6 de julio de 2015).

Actividad solar

La actividad del Sol se caracteriza por la presencia en su superficie de manchas, fulguraciones y protuberancias, y en la Tierra, se aprecia en alteraciones en la propagación de las ondas de radio y en una mayor presencia de auroras polares. Esta actividad sigue un periodo de aproximadamente 11 años, y está asociada al ciclo magnético del Sol. Actualmente nos encontramos en el ciclo solar número 24 que comenzó en diciembre de 2008 y llegó a su máximo en abril de 2014. Según las estimaciones realizadas por NOAA y Space Weather Prediction Center, durante el invierno el número de manchas solares alcanzará valores entre 58 y 83. Gráficas con el número de manchas solares en los últimos años y predicciones de la evolución del ciclo 24 pueden encontrarse en Space Weather Prediction Center.

Eclipses y fenómenos relacionados

El día 20 de marzo habrá un eclipse total de Sol que será visible en el norte del Océano Atlántico y en las Islas Svalbard. El eclipse será visible como parcial en Islandia, Europa, norte de Africa y norte de Asia.
En España será visible como parcial, comenzando a verse desde las Islas Canarias para posteriormente atravesar la península e Islas Baleares de suroeste a noreste. En Santa Cruz de Tenerife el eclipse tendrá una magnitud de 0.559, el inicio del eclipse se producirá a las 7h 45m, el máximo a las 8h 39m y el final a las 9h 38m (horas oficiales en canarias). En Madrid el eclipse tendrá una magnitud de 0.726, comenzará a las 9h 5m, el máximo se verá a las 10h 9m y el final del eclipse se producirá a las 11h 18m (horas oficiales).


Observación nocturna del cielo en invierno

En toda época del año hay algún fenómeno astronómico de interés, predicho (como son los eclipses) o no (como los cometas nuevos). Suele ser preferible realizar las observaciones en fechas cercanas a la luna nueva (22 de diciembre, 20 de enero , 18 de febrero, y 20 de marzo), salvo cuando se pretende observar la propia Luna.

Luna llena

La primera luna llena del invierno se dará el 5 de enero, dándose las siguientes 29 o 30 días después. En este invierno se darán otras dos lunas llenas: 3 de febrero y 5 de marzo de 2014.

Visibilidad de los planetas

Venus y Marte serán los luceros vespertinos y Saturno el matutino, mientras que Júpiter (muy brillante) pasará de verse al amanecer, a ser visible toda la noche durante el mas de febrero y terminará el invierno siendo visible al amanecer.

Lluvias de meteoros

Si no se dispone de ningún telescopio, se pueden observar las lluvias de meteoros que se producen ocasionalmente. La primera lluvia de meteoros importante del invierno es la de las Cuadrántidas, cuyo máximo se da hacia el 3 de enero.

Constelaciones

En cuanto a las agrupaciones ficticias de estrellas conocidas como constelaciones, alrededor de la estrella Polar se verán a lo largo de la noche Casiopea, la Osa Menor y Cefeo. Las constelaciones zodiacales (eclípticas) visibles en este periodo van de Acuario a Sagitario. Por encima de la eclíptica destacarán Pegaso y la Osa Mayor; por debajo, Orión. A lo largo de las noches de invierno se pueden ver las doce estrellas más brillantes del cielo que son visibles desde nuestra latitud: Sirio, Arturo, Vega, Capela, Rígel, Proción, Betelgeuse, Altair, Aldebarán, Antares, Espiga y Pólux.


Observaciones con prismáticos o pequeños telescopios

Con grandes prismáticos o un pequeño telescopio, dotados de un filtro lunar adecuado, se puede observar el relieve de la Luna. Para tener una buena visión de él conviene ir observándolo noche tras noche mientras va creciendo la iluminación de la Luna, pues así se ven aparecer nuevos accidentes orográficos. Cuando la noche es más oscura por haber luna nueva, se puede intentar ver nebulosas de emisión como el complejo de nebulosas de Orión (Messier 42 y 43), el grupo de las estrellas Pléyades y el resto de supernova conocido como la nebulosa del Cangrejo (Messier 1). Con prismáticos también se pueden ver las lunas más brillantes de Júpiter y se puede hacer un recorrido por la franja estrellada que constituye la Vía Láctea.


Anuario

Para mayor información sobre los fenómenos astronómicos del año se puede consultar el Anuario astronómico, libro que anualmente publica el Instituto Geográfico Nacional.
Información proporcionada por el Observatorio Astronómico Nacional (IGN, Fomento). Se autoriza la reproducción citando su procedencia.